InicioBibliaLa Biblia: ¿Porqué 66 Libros y no 73?

La Biblia: ¿Porqué 66 Libros y no 73?

La Biblia consta de 66 libros. Es el conjunto completo de escritos cuya inspiración divina fue reconocida unánimemente a través de un riguroso proceso de canonización histórica. El Antiguo Testamento se limita a los 39 libros del canon hebreo original (Tanaj), los mismos que Jesús validó al referirse a la Ley, los Profetas y los Salmos, excluyendo así añadiduras posteriores que no gozaban de autoridad profética. Por su parte, el Nuevo Testamento se consolidó con 27 libros que cumplieron con los criterios de apostolicidad, ortodoxia doctrinal y aceptación universal por la Iglesia primitiva. Esta estructura de 66 libros, reafirmada durante la Reforma al volver a las fuentes originales, garantiza una unidad teológica perfecta que no admite contradicciones, presentando una narrativa coherente de la redención desde el Génesis hasta el Apocalipsis, tal como se preserva en versiones fieles como la NBLA y la Reina Valera.

La exclusión de los libros apócrifos del canon bíblico se fundamenta en su falta de autoridad profética y las evidentes contradicciones doctrinales con el resto de las Escrituras inspiradas. A diferencia de los 66 libros canónicos, estos escritos no fueron parte del canon hebreo original confiado al pueblo de Israel, ni fueron citados como palabra de Dios por Jesús o los apóstoles en el Nuevo Testamento. Razón suficiente para rechazarlos como Palabra de Dios inspirada e infalible. Además, la presencia de errores históricos, geográficos y enseñanzas que sugieren la salvación por obras o la oración por los muertos —temas que son absolutamente contrarios a la suficiencia del sacrificio de Cristo—, confirma que, aunque poseen un valor histórico y literario, carecen del sello de infalibilidad y de la inspiración divina necesaria para normar la fe y la conducta del creyente.

Aclaratoria

En este sitio utilizaremos el término apócrifos en lugar de deuterocanónicos para referirnos a este grupo de textos. Nuestra elección se basa en la distinción técnica de ambos conceptos:

Deuterocanónicos: Significa “segundo canon”. Son siete libros del Antiguo Testamento aceptados por la Iglesia Católica, pero excluidos del canon hebreo (Tanaj).

Apócrifos: Significa “ocultos”. Este término describe libros cuya autoría sagrada es cuestionable y que no son reconocidos como parte de la revelación de Dios. Al no ser reconocidos por el pueblo judío ni por la tradición protestante, se considera que carecen de inspiración divina y, por ende, no pertenecen a las Sagradas Escrituras.

1. El desarrollo del Canon

La Biblia es una colección de escritos de unos 40 autores diferentes. El proceso de selección de qué libros eran inspirados por Dios se llama canonización.

  • Antiguo Testamento (39 libros): Fue preservado por el pueblo judío. Para el tiempo de Jesús, los libros que componen el Antiguo Testamento protestante ya eran considerados sagrados por los judíos (aunque organizados de forma distinta que veremos más adelante).
  • Nuevo Testamento (27 libros): El consenso sobre estos libros se consolidó a finales del siglo IV (Sínodos de Hipona en 393 y Cartago en 397).

2. La Reforma Protestante (El punto decisivo)

El responsable de la estructura de 66 libros que usamos hoy en las Biblias protestantes es, en gran medida, el movimiento de la Reforma del siglo XVI, liderado por figuras como Martín Lutero.

Lutero y otros reformadores decidieron volver al canon hebreo para el Antiguo Testamento, excluyendo los libros apócrifos (como Tobías, Judit, Macabeos, etc.) que la Iglesia Católica incluye. Los reformadores argumentaron que estos libros no estaban en la Biblia hebrea original y contenían doctrinas que no coincidían con el resto de las Escrituras.

3. Las Sociedades Bíblicas (Siglo XIX)

Aunque la decisión teológica fue de los reformadores, la estandarización física de la Biblia de 66 libros se consolidó en el siglo XIX. En 1826, la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera decidió dejar de imprimir los libros apócrifos en sus ediciones para ahorrar costos y por razones doctrinales. Esto fijó el formato de 66 libros que es el estándar mundial hoy en día.


Resumen de la estructura:

SecciónLibrosOrigen del consenso
Antiguo Testamento39Basado en el canon judío (Tanaj).
Nuevo Testamento27Consenso de la Iglesia primitiva (siglo IV).
Total66Canon Protestante estándar.

Aquí te detallamos los puntos claves de esta diferencia:

  • Los 7 libros excluidos: La Biblia católica (73 libros) incluye Tobías, Judit, Baruc, Sabiduría, Eclesiástico, I y II Macabeos, además de adiciones en Ester y Daniel. 
  • La postura de la Reforma: Martín Lutero, en el siglo XVI, decidió que estos libros no debían estar al mismo nivel que las Escrituras inspiradas, basándose en que no formaban parte del canon judío oficial de la época. 
  • Consenso en el Nuevo Testamento: Ambos grupos concuerdan en los mismos 27 libros del Nuevo Testamento. 

4. El Canon Hebreo o Tanaj

El Tanaj es el conjunto de 24 libros sagrados del judaísmo, estructurado en tres partes: Torá (Ley), Nevi’im (Profetas) y Ketuvim (Escritos). A menudo llamado Biblia Hebrea, incluye Génesis, Éxodo, Isaías, Salmos y Proverbios, coincidiendo en contenido con el Antiguo Testamento protestante, pero con un orden y agrupamiento distinto. 

Aquí está la lista organizada por sus tres divisiones principales:

1. Bereshit – Génesis
2. Shemot – Éxodo
3. Vayikrá – Levítico
4. Bamidbar – Números
5. Devarim – Deuteronomio

6. Yehoshua – Josué
7. Shoftim – Jueces
8. Shmuel – Samuel (I y II, a menudo considerado un solo libro)
9. Melajim – Reyes (I y II, a menudo considerado un solo libro)
10. Yeshayahu – Isaías
11. Yirmeyahu – Jeremías
12. Yejezkel – Ezequiel
13. Trei Asar – Los Doce Profetas Menores (contados como un solo libro: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Hageo, Zacarías, Malaquías). 

14. Tehilim – Salmos
15. Mishlei – Proverbios
16. Iyov – Job
17. Shir HaShirim – Cantar de los Cantares
18. Rut – Rut
19. Eijá – Lamentaciones
20. Kohelet – Eclesiastés
21. Ester – Ester
22. Daniel – Daniel
23. Ezra-Nejemiah – Esdras y Nehemías (tradicionalmente contados como uno solo)
24. Divrei HaYamim – Crónicas (I y II, tradicionalmente contados como uno solo) 

Esta estructura de 24 libros es la forma oficial dentro del judaísmo, agrupando libros que en otras tradiciones cristianas se dividen en más volúmenes.

El Oráculo de Dios: El apóstol Pablo dice en Romanos 3:2 que a los judíos “les han sido confiados los oráculos de Dios”. Los judíos nunca aceptaron los libros apócrifos en su canon oficial (el Tanaj).

Jesús y el orden hebreo: En Lucas 24:44, Jesús habla de “la ley de Moisés, los profetas y los salmos”. Esta es la división exacta del canon hebreo de 24 libros (que equivalen a nuestros 39 actuales por su forma de agruparlos), dejando fuera los libros escritos en el periodo intertestamentario.

5. La ausencia de citas en el Nuevo Testamento

Aunque el Nuevo Testamento cita cientos de veces al Antiguo Testamento, nunca cita como Escritura a ninguno de los 7 libros apócrifos.

  • Los autores del Nuevo Testamento utilizan frases como “Escrito está” o “Dice la Escritura” para validar sus puntos. Existen alusiones a historias de esa época, pero nunca se les otorga el estatus de autoridad divina que sí se le da a Génesis, Isaías o los Salmos.

6. Errores Doctrinales e Históricos

Para que un libro sea inspirado, no puede contradecir el resto de la revelación. Los 66 libros mantienen una unidad doctrinal que, según los defensores del canon corto, se rompe con los apócrifos:

  • Prácticas antibíblicas: Algunos libros sugieren la limosna como medio para expiar pecados (Tobías 12:9) o la oración por los muertos (2 Macabeos 12:43-45), lo cual choca con la doctrina de la salvación por gracia y el sacrificio único de Cristo.
  • Inexactitudes: Contienen errores geográficos e históricos que son difíciles de conciliar con la infalibilidad bíblica. Por ejemplo, en el libro de Judit se dice que Nabucodonosor era rey de los asirios en Nínive, cuando históricamente fue rey de los babilonios en Babilonia.

7. El testimonio de los mismos autores

Varios de estos libros admiten implícitamente que no son palabra inspirada de la misma manera que los profetas:

  • Falta de profetas: En 1 Macabeos 9:27, el autor menciona que en ese tiempo no había profetas en Israel. Si no había profeta, no había revelación nueva y directa de Dios.
  • Disculpas del autor: Al final de 2 Macabeos 15:37-38, el autor escribe: “Si la narración ha sido buena… es lo que yo deseaba; pero si ha sido mediocre y sin valor… es lo más que he podido hacer”. Un autor inspirado por el Espíritu Santo no se disculpa por la calidad de su redacción ni admite un esfuerzo mediocre y sin valor. Además, cierra manifestando que escribía bajo los efectos del alcohol, algo absolutamente vergonzoso y totalmente ajeno a la escritura de un libro inspirado.

8. La posición de Jerónimo (Traductor de la Vulgata)

Es un dato histórico contundente: San Jerónimo, quien tradujo la Biblia al latín (la Vulgata) en el siglo IV, se opuso inicialmente a incluir estos libros.

  • Él distinguía entre los libros canónicos (para establecer doctrina) y los libros eclesiásticos (útiles para la edificación pero no inspirados). Fue la presión eclesiástica posterior la que terminó mezclándolos en las ediciones latinas.

9. Resumen de la Diferencia

CriterioCanon de 66 librosCanon de 73 libros
Idioma original ATSolo Hebreo y Arameo.Incluye libros escritos en Griego.
Aceptación JudíaSí (Canon de Jamnia).No.
Base TeológicaSola Scriptura (Inspiración divina comprobada).Tradición eclesiástica (Magisterio).
ConsolidaciónReforma Protestante (volviendo a la fuente, 1517).Concilio de Trento (1563).

10. Conclusión

Si tienes una Biblia protestante y comparas su Antiguo Testamento con un Tanaj, verás que contienen el mismo mensaje, las mismas historias y los mismos mandamientos pero en un orden diferente. Sin embargo el punto más importante e irrefutable es que cuando Jesús leía los rollos de las escrituras en las sinagogas, estaba leyendo el Tanaj, que como ya explicamos no incluía los libros apócrifos.

En las mismas escrituras se advierte de no agregar ni quitar nada a estas tal como podemos leer repetidas veces en Deuteronomio 4:2, Deuteronomio 12:32, Proverbios 30:6 e inclusive una grave advertencia en Apocalipsis 22:18-19.

De esta manera y con base histórica, teológica y doctrinal la coherencia e inteligencia nos llevan a concluir que la Biblia debe tener 66 libros, ni uno más ni uno menos.

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