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¿Porqué existen 3 cielos?

Este es un tema fascinante que nos invita a mirar hacia arriba, tanto en el sentido físico como en el espiritual. La noción de los “tres cielos” no es solo una curiosidad teológica; es un mapa que la Biblia nos ofrece para entender nuestra posición en el universo y la relación que tenemos con nuestro Creador.

A continuación, exploramos este concepto a fondo, desde las raíces lingüísticas en el Génesis hasta las visiones del Nuevo Testamento.


La Arquitectura de lo Invisible: Comprendiendo los Tres Cielos de la Biblia

Para el lector moderno, la palabra “cielo” suele evocar dos cosas: o bien el color azul del día salpicado de nubes, o un lugar místico donde van las almas después de la muerte. Sin embargo, para los autores bíblicos, el término era mucho más dinámico y estratificado.

La clave para entender esto comienza con el idioma original. En el Antiguo Testamento, la palabra hebrea para cielo es “Shamayim” (שָׁמַיִם). Curiosamente, esta palabra es de forma plural (el sufijo -im en hebreo indica pluralidad). Desde el primer versículo de la Biblia, se nos introduce a una realidad múltiple: “En el principio Dios creó los cielos y la tierra” (Génesis 1:1, NBLA).

¿Por qué plural? Porque la cosmovisión bíblica reconoce diferentes dimensiones de lo que llamamos “arriba”. A través de las Escrituras, se hace evidente una distinción entre tres niveles específicos que hoy conocemos como los tres cielos.


I. El Primer Cielo: La Atmósfera que Respiramos

El primer cielo es el más inmediato. Es el espacio físico que rodea nuestro planeta, el reino del clima, del aire y de la vida biológica aérea. Es la “expansión” que Dios creó para separar las aguas que estaban debajo de las aguas que estaban arriba.

1. El escenario de la creación

En el relato del Génesis, durante el segundo día de la creación, Dios dijo: “Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas” (Génesis 1:6, NBLA). A esta expansión, Dios la llamó “Cielos”. Este es el cielo que nuestros ojos ven al salir a la calle; es el hogar de los fenómenos meteorológicos.

2. Referencias bíblicas contundentes

La Biblia es muy específica al asignar funciones y habitantes a este primer nivel:

  • El hogar de las aves: En Génesis 1:20, Dios ordena que las aves vuelen “sobre la tierra en la abierta expansión de los cielos”. No se refiere al espacio exterior ni a la morada de Dios, sino al aire que permite el vuelo.
  • La fuente de la lluvia: Moisés, al bendecir a Israel, menciona: “El Señor abrirará para ti Su buen tesoro, los cielos, para dar lluvia a tu tierra en su tiempo” (Deuteronomio 28:12, NBLA). Aquí, el cielo actúa como el almacén de la provisión física y climática.
  • El cielo que se nubla: El profeta Elías, en su famoso desafío en el Monte Carmelo, vio cómo “el cielo se oscureció con nubes y viento, y hubo gran lluvia” (1 Reyes 18:45, NBLA).

Este primer cielo es el recordatorio constante de que Dios sostiene la vida física. Cada vez que respiramos o vemos una nube, estamos interactuando con la primera capa de la creación celestial.


II. El Segundo Cielo: El Firmamento Estelar

Si atravesamos la atmósfera, entramos en el segundo cielo. Para los antiguos, este era el reino de las “lumbreras”. Hoy lo llamamos el espacio exterior o el cosmos. Es la región de los planetas, las estrellas, las galaxias y la inmensidad del universo físico que la ciencia apenas comienza a mapear.

1. Las lumbreras en la expansión

En el cuarto día de la creación, Dios puso el sol, la luna y las estrellas en la “expansión de los cielos” (Génesis 1:14-17). Note que la Biblia usa la misma palabra “expansión”, pero le otorga un propósito diferente: servir de señales para las estaciones, los días y los años.

2. La gloria de la inmensidad

El segundo cielo tiene un propósito teológico fundamental: declarar la grandeza de Dios sin usar palabras.

  • El Salmo 19:1: “Los cielos proclaman la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de Sus manos”. Cuando el salmista mira las estrellas, no ve solo puntos de luz, sino un despliegue de poder divino que escapa a la comprensión humana.
  • El “Cielo de los Cielos”: En la Biblia, a menudo se usa una expresión superlativa para referirse a esta inmensidad: el cielo de los cielos. Salomón, en su oración de dedicación del templo, exclamó: “Si los cielos y los cielos de los cielos no te pueden contener” (1 Reyes 8:27, NBLA). Esta frase reconoce que más allá de lo que el ojo puede ver (el primer cielo), hay una profundidad infinita (el segundo cielo) que aun así es pequeña ante Dios.
  • Las estrellas por nombre: El profeta Isaías nos desafía a mirar este segundo cielo para entender la soberanía de Dios: “Alcen a lo alto sus ojos, y vean quién ha creado estos astros; El que hace salir en orden a su ejército; Y a todos llama por su nombre” (Isaías 40:26, NBLA).

El segundo cielo nos enseña sobre la trascendencia de Dios. Nos recuerda que el Creador no es un ídolo pequeño hecho por manos humanas, sino el Arquitecto de distancias que se miden en años luz y del infinito mismo.


III. El Tercer Cielo: La Morada de Dios (El Paraíso)

Aquí es donde el concepto se vuelve espiritual y eterno. El tercer cielo no es una ubicación que se pueda alcanzar viajando a la velocidad de la luz hacia el borde del universo. Es una dimensión diferente, el reino donde Dios manifiesta Su presencia y Su gloria de manera plena y sin velos.

1. El testimonio del Apóstol Pablo

La mención más directa y famosa del “tercer cielo” se encuentra en el Nuevo Testamento. Pablo, escribiendo a la iglesia en Corinto, relata una experiencia personal (aunque habla en tercera persona por humildad):

“Conozco a un hombre en Cristo, que hace catorce años… fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y conozco al tal hombre… que fue arrebatado al paraíso, y escuchó palabras inefables que al hombre no se le permite expresar”. (2 Corintios 12:2-4, NBLA)

Pablo utiliza “tercer cielo” y “paraíso” como sinónimos. Este es el lugar de la comunión perfecta con Dios, un reino que está “más allá” no solo en distancia, sino en naturaleza.

2. ¿Qué hay en el Tercer Cielo?

A través de las visiones de profetas como Isaías y Juan (en el Apocalipsis), podemos obtener “fotografías” espirituales de este tercer cielo:

  • El Trono de Dios: Isaías vio al Señor “sentado sobre un trono alto y sublime” y a los serafines clamando “Santo, Santo, Santo” (Isaías 6:1-3). Este escenario no ocurre en la atmósfera ni entre las estrellas, sino en el lugar santísimo celestial.
  • La Ciudad Celestial: El libro de Apocalipsis describe este nivel como un lugar donde “Él enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado” (Apocalipsis 21:4, NBLA).
  • La presencia de Cristo: Jesús prometió a sus discípulos: “En la casa de mi Padre hay muchas moradas… porque voy a preparar un lugar para ustedes” (Juan 14:2, NBLA). Esa “casa del Padre” es el tercer cielo.

El Tabernáculo: Un modelo de los tres cielos

Un detalle fascinante que muchos pasan por alto es que Dios le ordenó a Moisés construir el Tabernáculo en el desierto como una copia de la realidad celestial. El Tabernáculo tenía tres divisiones que guardan un paralelismo asombroso con los tres cielos:

  1. El Lugar Santo: Un espacio cerrado, iluminado por un candelabro (que representa las lumbreras). Vendría a ser el Segundo Cielo (el orden estelar y el gobierno del cosmos).
  2. El Lugar Santísimo: Donde estaba el Arca de la Alianza y donde la presencia de Dios (la Shekinah) descendía. Representa el Tercer Cielo (la morada directa de Dios).

Para entrar al Lugar Santísimo, el sumo sacerdote debía cruzar un velo. De la misma manera, para pasar de nuestra realidad física a la presencia de Dios en el tercer cielo, se requiere una transición que solo es posible a través de la obra de Cristo, quien, según Hebreos 4:14, es el “gran sumo sacerdote que traspasó los cielos”.


Referencias Bíblicas

Como no queremos quedarnos en lo que se ha dicho anteriormente en estudio, sino que nuestro deseo es que puedas tú mismo escudriñar tu Biblia y leer por tu cuenta acerca de este fascinante tema, te dejamos a continuación una lista de versículos bíblicos para ser leídos y así entender la organización de los tres cielos:

El Primer Cielo (Atmósfera / Clima)
Génesis 1:20
Génesis 7:11
Job 35:11
Salmo 147:8
Mateo 6:26
Santiago 5:18

El Segundo Cielo (Espacio / Cosmos)
Génesis 1:14-17
Salmo 19:1
Isaías 40:26
Jeremías 8:2
Mateo 24:29

El Tercer Cielo (Morada de Dios / Paraíso)
2 Corintios 12:2
1 Reyes 8:27
Deuteronomio 10:14
Nehemías 9:6
Salmo 115:16
Salmo 148:4
Hebreos 4:14


Conclusión: ¿Por qué importa esto hoy?

Entender los tres cielos nos ayuda a ubicar nuestra esperanza.

  • Vivimos en el primer cielo, disfrutando de la provisión de Dios en la naturaleza.
  • Admiramos el segundo cielo, reconociendo la magnitud y el orden de Su poder creativo.
  • Y anhelamos el tercer cielo, nuestra verdadera patria, donde finalmente veremos a Dios cara a cara.

Esta estructura nos enseña que Dios es, al mismo tiempo, Cercano (está en el aire que respiramos), Poderoso (gobierna las estrellas) y Santo (habita en una luz inaccesible). Al final, la Biblia nos asegura que un día el primer y el segundo cielo serán renovados (“un cielo nuevo y una tierra nueva”), y la presencia de Dios del tercer cielo descenderá para habitar permanentemente con la humanidad.

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